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Post aleatorio
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A veces no hace falta salir de casa para inspirarse, pues en ella guardamos y creamos parte de lo que somos. En mi casa tengo lo que necesito y lo que más me importa; mi familia (donde incluyo a mi perro). Y casi siempre cuento con visitas de amigos, o de mi chica.
Cada vivencia, sentimiento y cada recuerdo, guardados entre cuatro paredes. Aquí también tengo dos de mis grandes pasiones: los videojuegos y el manga. Mi habitación es mi santuario, mi frikimundo, y lo cierto es que estoy casi seguro de que es una descripción gráfica de cómo soy. Sólo con entrar en ella puedes hacerte una idea de lo que me gusta y lo que me apasiona.
Mi colección de videojuegos, figuras de anime y manga, sorprendería a cualquiera. Y es que soy un coleccionista empedernido, y además me gusta conservarlo todo en perfecto estado.
A mis 23 años no me avergüenza admitirlo, en absoluto: me gusta todo esto, es algo que forma parte de mí.

























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Hoy ha sido un día tranquilo, la verdad, diría que el más tranquilo hasta el momento;
He salido un rato al parque, pues había quedado con los amigos para tomar algo y salir a pasear por ahí.
Más tarde, con la moto he ido hasta la playa, lugar que no suelo visitar mucho, porque no me queda muy cerca, la verdad. Pero hoy me apetecía, así que me he tumbado en la arena, con la música puesta y he observado como las olas morían en la arena, y el horizonte se mezclaba con el cielo. Había unas nubes preciosas, y el sol era digno de ver, casi tímido tras ella.
Cerca de ahí, estaba el Skate Park y el Pabellón de La Mar Bella (aunque ya no tengo muy claro si ese será su nombre actual, así se llamaba hace unos años). Aprovechando que hoy tenía una entrevista en un programa de radio para hablar de mi nuevo disco “Reset”, muy cerca de ahí, he hecho tiempo.
Francamente, hoy he decidido no escribir demasiado como he hecho en los anteriores días, prefiero que las imágenes hablen por si solas. Porque como dicen “una imagen vale más que mil palabras”, entonces, ¿cuánto valen 24 imágenes?

























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Hoy he decidido coger la moto y dejarme llevar sin rumbo fijo, metafóricamente quería que la corriente me llevase donde tuviese que ir, empujado por una fuerza invisible que podría llamarse… ¿destino? No sé dónde voy, pero sé de dónde vengo. Y viviendo en una sociedad donde cada minuto está planificado, no está de más dejarse llevar; no siempre se puede planificar ni dominarlo todo.
Al llegar a la moto, he hecho mi primera foto –una de todas las que al final hice subido a ella;




Hoy sabía que sería un día improvisado, pues en ningún momento he pensado un destino, sólo seguía las señales a mi antojo, y me marcaba algún “trapicheo’” si la señal no me gustaba.



La cuestión es que estar desvinculado de un rumbo fijo, me ha llevado hasta La Modelo (una de las cárceles que hay en Barcelona), y que te incita a recapacitar. Fría y seria.


Muy cerca de ahí, un coche de la Guardia Urbana me esperaba sediento de multas, de modo que a las 10 de la mañana de un martes, me he sometido a un control de alcoholemia. Es extraño, y después de preguntarle al Urbano algunas cosillas, he deducido que la única intención de éste, era tocar los huevos.


Supongo que se les ilumina la cara al ver a un chaval joven con una moto, aunque acepto que he tenido suerte, pues no me han pedido los papeles y de haberlo hecho, hoy hubiese vuelto a casa con una multa segura.


Se dice que “todos los caminos llevan a Roma”, y tan cierto es como que todos los caminos desembocan en Plaza Catalunya. He llegado hasta Las Ramblas, y he ido bajando hacia la plaza del Portal de la Pau. Siempre me ha atraído la cantidad de gente, turistas y diversidad general, que encuentras por esos lares, de modo que he puesto el vídeo a grabar a cámara para que retratase a todo detalle, y he ido bajando.




Una vez en la plaza que alberga el famoso monumento al descubridor Cristobal Colón; estatua que señala desde 1888 con su dedo, el recorrido del mar hacia las Américas, desde los pies de este gigantesco emblema, me ha venido a la cabeza una frase que dice así: “Cuando el sabio señala al cielo, el tonto mira al dedo”.



Me ha hecho gracia, a veces se me va. Después de mi desternillante monólogo interior, me he acercado al Maremagnum; el puerto estaba bastante tranquilo, así que me he sentado a ver los barcos pasar, para acabar el día.